Economía | Sociedad
Jaime Palomera: “El Gobierno está ayudando a crear una minoría cada vez más rica a través de la vivienda”
El experto, que acaba de publicar 'El secuestro de la vivienda', aporta algunas claves sobre el momento en el que nos encontramos: por qué es tan difícil tener casa y cómo esto puede romper la sociedad.
El rentismo, las nuevas formas de chabolismo vertical, el “gran acaparamiento” de viviendas por parte de los ricos, el neofeudalismo al que nos dirigimos y cómo todo esto se puede evitar son algunos de los temas centrales que Jaime Palomera, doctor en Antropología Económica, aborda en su reciente libro El secuestro de la vivienda (editado por Península).
Como si de una partida del Monopoly viciada desde el principio se tratara, en donde los que más poder tienen mayores beneficios fiscales obtienen, el también cofundador del Instituto de Investigación Urbana y militante del Sindicat de Llogateres defiende que el poder popular es clave para lograr una reacción por parte del Estado. En esta conversación, el experto aporta algunas claves que responden al subtítulo de su obra: por qué es tan difícil tener casa y cómo esto puede romper la sociedad.
Afirma en su libro que quienes poseen las viviendas tienen una posición de poder casi absoluto que llegan a redefinir las formas de habitar. ¿Cómo han cambiado estas formas de habitar en los últimos años?
La mayoría de economistas se basan en un cuento, un mito, sobre nuestras ciudades y viviendas. Consideran que se trata de un mercado competitivo comparable a cualquier otro, pero no es así. La vivienda es un bien incomparable por dos motivos. Por un lado, es algo que necesitamos todas las personas. Por otro lado, se trata de un bien muy escaso, porque la materia prima de la vivienda es el suelo en el que se levanta. Esto ha llevado a los propietarios del suelo a tener una situación monopolística. No es que se pongan de acuerdo en los precios, sino que pueden ponerlos muy por encima de los salarios reales de la gente.
Esto los ha llevado a poder redefinir qué es lo que consideramos vivir en un barrio o en una ciudad. Estamos volviendo a formas de infravivienda que no veíamos desde hace un siglo, quizá en España desde hace siete décadas, con el chabolismo.
Es algo que denomina como chabolismo vertical.
Las chabolas actuales son mucho menos visibles porque la mayoría están dentro de los edificios. Aquellas viviendas diseñadas para convertirse en el hogar de una familia, y cuya arquitectura sigue esa lógica, ahora se subdividen para normalizar que una persona esté durante toda su vida compartiendo casa con desconocidos. Hablamos de personas quizá de más de 40 años, con trabajo, que no pueden costearse una vivienda propia, ni siquiera pagando el alquiler de un piso. Esto nos retrotrae a formas de pobreza erradicadas que ahora vuelven porque la máquina del rentismo dispara la desigualdad.
«Las chabolas actuales son mucho menos visibles porque la mayoría están dentro de los edificios. Esto nos retrotrae a formas de pobreza erradicadas que ahora vuelven porque la máquina del rentismo dispara la desigualdad».
¿Por qué los precios de la vivienda no descenderán por muchas que se construyan?
Si algo nos ha enseñado la historia es que durante el boom de la construcción de la vivienda el precio ha subido como nunca. Pasó primero en los años 60, luego en la década de los 80, y finalmente hasta que estalló la crisis de 2008. En los tres grandes momentos de construcción de vivienda en España su precio se disparó como nunca porque, repito, no se trata de un mercado competitivo.
¿Cómo ha llegado la vivienda a convertirse en un gran activo para los ricos?
Este es uno de los problemas más graves a los que nos enfrentamos. Los más ricos, cuando tienen dinero, compran oro o criptomonedas o invierten en casas, muchas casas, ya sea a través de fondos inmobiliarios o los propios bancos. Yo lo llamo el “gran acaparamiento”. Entre 2008 y 2023, el mercado del alquiler en España ha aumentado en 1,3 millones de viviendas. ¿De dónde han salido? Son viviendas que ya existían, no de nueva construcción. Son las viviendas de las clases medias y trabajadoras que, de una forma u otra, las han perdido y se han convertido en grandes activos para las clases adineradas.
La denominada “sociedad de propietarios” llegó con el franquismo. Más tarde sufrimos el pelotazo urbanístico. Sostiene que ahora nos encontramos en el “neofeudalismo”. ¿En qué consiste este sistema concretamente?
Hemos pasado de una sociedad en la que más o menos todo el mundo podía comprar un piso a la crisis de 2008. A partir de entonces, las clases más humildes han tenido mucho más complicado acceder a una vivienda, la única forma de riqueza que puede tener un trabajador. Para acceder a ella, cada vez más lo tienen que hacer a través de la herencia o la ayuda familiar.
Esta realidad significa una crisis en el ideal de la meritocracia en la que se basa la democracia liberal. Los jóvenes ven cómo ahora lo que define tu futuro es la familia en la que has nacido, algo propio de las sociedades premodernas, cercadas al feudalismo, donde te definía tu linaje.
Además, todo ello influye mucho en la visión que los jóvenes tienen de la democracia. Que crean menos en este sistema está muy relacionado con la imposibilidad de futuro, de un proyecto, porque todo depende ya del privilegio o la suerte, lo que genera un enorme cinismo sobre la propia democracia como sistema.
«Los jóvenes ven cómo ahora lo que define tu futuro es la familia en la que has nacido, algo propio de las sociedades premodernas, cercadas al feudalismo, donde te definía tu linaje».
El PSOE ha puesto en marcha ayudas al alquiler que, según usted, terminan por inflar los precios y en manos del arrendador. ¿Por qué cree que los socialistas llevan a cabo este tipo de medidas?
Aznar comenzó con ello en 2003 y los sucesivos gobiernos, también del PSOE, han aprobado enormes ayudas fiscales para los grandes tenedores de viviendas que las alquilan. Piensan que estas ayudas fiscales van a hacer que aumente la oferta. En cambio, si eliminas los impuestos en un mercado no competitivo como el de la vivienda, lo único que consigues es aumentar la desigualdad.
Es como una partida del Monopoly en la que aquellos que ya tienen una posición de poder frente a aquellos que no tienen nada encima reciben dinero del Estado. No solo empobreces a las clases medias, sino que el Estado se descapitaliza. En forma de rentas al alquiler o de subsidios fiscales, el mismo Gobierno está ayudando a crear una minoría cada vez más rica a través de la vivienda. Además, quienes realmente dependen de estas rentas, hasta un 35% de sus ingresos, son las clases pudientes, no las familias trabajadoras que a lo mejor tienen una segunda residencia alquilada.
Escribe que “las casas que salen a la venta se las van quedando quienes ya tenían propiedades, y las personas que a los treinta se hubieran comprado su primer piso se ven expulsadas de la sociedad de propietarios”. ¿Qué ocurre entonces?
Aunque ahora cueste verlo, generación tras generación nos adentraremos en un modelo de sociedad muy cercano al que sufríamos hace 100 años en Europa. Nos alejaremos de la sociedad del bienestar e iremos hacia un sistema más parecido al que predomina en el Sur Global, con un grupo minoritario concentrado en unas clases altas que acumulan cada vez más activos, una clase media cada vez más estrecha y, por debajo, una mayor masa de población pobre. Esto va más allá de un problema con la vivienda. Es un problema de desigualdad y de cómo los ricos se comen a la clase trabajadora.
Algo hemos comentado ya sobre esto, pero, ¿qué papel juega la herencia? Hace unos días, elDiario.es publicó un artículo en el que señalaban que nos adentrábamos en una economía de herederos como la de principios del siglo XX.
La herencia es esencial para poder acceder a una vivienda, así como la ayuda de los padres. Hay personas que ya conviven con la idea de que nunca podrán tener una casa, pero no es solo eso, sino que además tienen que ver cómo las casas se la quedan aquellas personas con mucho dinero, a quienes les tendrá que pagar un alquiler de por vida.
«Esto va más allá de un problema con la vivienda. Es un problema de desigualdad y de cómo los ricos se comen a la clase trabajadora».
Cada vez un número mayor de casas son consideradas como un activo que se revaloriza y aumenta el patrimonio de los más ricos. Esto explica que haya tantas casas destinadas al mercado turístico, que haya tantas viviendas vacías, o que hayan ido a parar al alquiler, sobre todo de temporada.
¿Cuál es la principal crítica a “la máquina del rentismo”?
El gran problema del rentismo es que no crea valor. Cuando una persona tiene mucho dinero, sin necesidad de ser multimillonaria, sus gestores le recomiendan invertir en vivienda. En los años 60, cuando a la Seat le iba bien, más o menos esos beneficios también llegaban a sus trabajadores, o contrataban más personas.
En el caso del rentismo tenemos que fijarnos en quién controla esos activos, es decir, las viviendas. Este sistema de control permite que el dinero pase de la mano de aquellas clases más empobrecidas a quienes sí controlan los activos. Es un juego de suma cero. Con la vivienda, unos pocos se enriquecen en la misma medida que otros se están empobreciendo.
Los fondos buitre son otro de los actores del mercado de la vivienda que expulsa a los inquilinos de sus casas y a los vecinos de sus comunidades y barrios. ¿Cómo han llegado a tener tanto poder?
Los fondos son meros intermediarios. Compiten entre ellos para ofrecer la mejor rentabilidad a sus clientes, los ricos. Esta figura ha sido el medio por el que se ha llevado a cabo ese “gran acaparamiento” sin precedentes.
Los fondos de inversión, inmobiliarios, abrieron un camino a la hora de recibir tantas ayudas fiscales y subsidios. Gracias a ellos, muchas personas se pudieron enriquecer del rescate a la banca de 2008, cuando el Gobierno imprimió 100.000 millones de euros entre el rescate bancario y la Sareb. ¿A dónde ha ido ese dinero? Las familias trabajadoras no son más ricas que antes. Lo tienen los ricos, que empezaron a acaparar las viviendas. Algo parecido ha sucedido tras la pandemia. Buena parte del nuevo dinero impreso ante la crisis sanitaria que recibieron las familias trabajadoras ha terminado en manos de quienes controlan la vivienda.
Desde hace años vemos cómo los afectados por la grave situación que atraviesa el derecho a la vivienda se organizan en sindicatos de inquilinas. ¿Hasta dónde piensa que es capaz de llegar el poder popular en el terreno de la vivienda?
Yo creo que todo se puede conseguir desde la calle. Eso sí, considero que hace falta una labor muy importante de pedagogía para que la gente entienda hacia dónde nos dirigimos si no lo frenamos antes. Cualquier cambio debe pasar por atacar el problema más allá de los síntomas. Está bien topar los precios del alquiler o lograr mejoras en sus contratos, pero hay que ir a la raíz.
«Tenemos que conseguir que invertir en vivienda deje de ser atractivo para los ricos. Para eso, el Estado podría gravar vía impuestos la acumulación de pisos».
La transformación tiene que pasar por una distribución de los bienes de manera que la gente trabajadora también pueda acceder a ellos. Tenemos que conseguir que invertir en vivienda deje de ser atractivo para los ricos. Para eso, el Estado podría gravar vía impuestos la acumulación de pisos. Esto no lo hará ningún gobierno por voluntad propia, porque ni siquiera son conscientes del nivel de desigualdad que sufre la población. Lo único que logrará un cambio de tal envergadura será un movimiento popular de contestación social muy amplio.
En su libro deja un espacio para la esperanza y recalca la necesidad de una “revolución”. Propone medidas como proteger a la población que vive y vivirá de alquiler, impedir las compras especulativas, regular el mercado hipotecario, redirigir las casas hacia el alquiler social y crear un gran sistema de vivienda pública. Todo ello mientras se respetan los límites medioambientales del planeta. ¿No está cansado de que le digan que esto es simplemente una utopía?
[Se ríe] Son ideas que, simplemente, no están encima de la mesa. A mí me parecen esenciales para conquistar un horizonte esperanzador. No es solo impedir que algunos hagan compras especulativas o que suba el alquiler, sino lograr un mayor acceso a la riqueza colectiva. En resumen, hay dos objetivos principales: lograr revertir ese gran acaparamiento y hacer que nuestras casas, las ya existentes, se liberen de la lógica rentista.
La primera cuestión se podría conseguir mediante impuestos que desincentivaran especular con la vivienda. En cuanto a la segunda, sin ir más lejos, en Singapur el 80% de la gente es propietaria de una vivienda con la ayuda de la Administración, con una condición. Estas familias no pueden vender la vivienda a un precio superior de lo que pagó en su momento. Yo defiendo, además de gravar a los grandes tenedores, dar facilidades a quien se quiera comprar su primera casa, pero sin que más tarde se pueda lucrar con ella. De esta forma, no solo distribuimos la riqueza, sino que esa vivienda siempre estará sujeta a un mercado regulado.
Esta «piel de toro» ¿tiene o no tiene lo que se merece? Y les volverán a votar.
¿Están manipulados o están enfermos del síndrome de Estocolmo?
EL PARTIDO POPULAR RECORTA SERVICIOS SOCIALES, CULTURA, EMERGENCIA Y ONGS, PERO AUMENTA LAS AYUDAS A LA TAUROMAQUIA
Los gobiernos de Ayuso y Mazón vuelven a inyectar dinero público a la tauromaquia, mientras recortan servicios sociales y son negligentes con la seguridad de su ciudadanía. Precisamente se trata las administraciones que tienen la responsabilidad de centenares de muertos durante la reciente emergencia de la DANA y la pasada pandemia por COVID.
https://www.animanaturalis.org/n/46835?utm_source=AnimaNews_20250402&utm_medium=AnimaNews_Mailing&utm_campaign=AnimaNews_20250402
Europa Laica denuncia la financiación privilegiada de la Iglesia e invita a no marcar las casillas del IRPF.
El pasado 21 de marzo Europa Laica presentó en rueda de prensa en Alicante un Informe Crítico sobre la memoria anual de actividades presentada por la Conferencia Episcopal Española (2023), preparado por nuestro compañero Eugenio Piñero Almendros, que se adjunta.
En él se detalla que desde 2007 la jerarquía católica recibió alrededor de 4.500 millones de euros solo por la «X de la Iglesia» en la declaración de renta, cantidad detraída del erario. En 2023 ha recibido 382,4 millones por este concepto.
El 80% de la cantidad que recibe la jerarquía eclesiástica por la «X de la Iglesia» lo destina al pago de salarios, seguridad social de sacerdotes y obispos, y a gastos de la organización.
La Iglesia católica utiliza publicidad engañosa para intentar aumentar su recaudación. Gasta 5,3 millones de euros del dinero de la asignación tributaria en campañas publicitarias para hacer creer que el destino del dinero recaudado será la labor social de la Iglesia. Los contribuyentes deben saber que en su Memoria no consta ni un solo euro destinado a este cometido….
https://laicismo.org/europa-laica-denuncia-la-financiacion-privilegiada-de-la-iglesia-e-invita-a-no-marcar-las-casillas-del-irpf/