Internacional
¿Cómo será la posguerra en Ucrania?
Borja D. Kiza realiza un ejercicio de anticipación en el ensayo ‘Los soldados que volverán’. En él, a través de decenas de testimonios, traza una comparación entre la paz posterior a la guerra de Yugoslavia y la que surja cuando Moscú y Kiev bajen las armas.
Borja D. Kiza, periodista, escritor y profesor de español en la universidad de Aix-Marseille, ha hecho un ejercicio de lúcida previsión en ‘Los soldados que volverán. Desafíos de posguerra’ (editado por Txalaparta). Su ensayo viaja al futuro, al momento en el que empiece la posguerra de Ucrania. Para ello, utiliza el ejemplo de la que se vivió en los Balcanes tras la guerra que llevó a la desintegración de Yugoslavia en los años 90. «¿Cómo se gestionarán las sociedades rusa y ucraniana una vez el conflicto abandone su faceta armada?», se pregunta el autor. «Las posguerras duran más que los periodos de guerra y es en ellas donde se establecen las nuevas bases sociales y políticas que, de alguna manera, afectan más profundamente a las sociedades que han atravesado un conflicto». El trauma, los retos sociales, el relato elaborado por los medios de comunicación, el papel de las mujeres, el desafío de un nuevo tiempo que será duro pero lleno de posibilidades… todos estos puntos de vista tienen cabida en el libro de Kiza, que toma forma a partir de decenas de testimonios. Aquí ofrecemos extractos de algunos de ellos.
Guerra y feminismo
Rada Boric (feminista croata desde los años 80 y parlamentaria croata hoy del partido de izquierdas Mozemo!):
«Durante la guerra, hay esta narrativa de que ‘los hombres están defendiendo a las mujeres’. Pero nadie se cuestiona: ¿por qué tienen que defendernos? ¿Quién provocó que alguien tenga que defendernos? ¿Y de quién? ¿Y el juego de quién están obligados a jugar estos hombres que nos defienden? Y, por supuesto, alguien viene después para prescribir las normas que las mujeres deben cumplir».
«Mejor que armas, lo que Croacia puede ofrecer a Ucrania es la experiencia y las herramientas de sus grupos feministas para empoderar a las mujeres durante y tras la guerra para reconstruir su país. […] Mira el Donbás: ¿arriesgarías tu vida para llevar algo de comida a ancianos? Pues esto es lo que están haciendo hoy las mujeres ucranianas y lo que temen, y les hemos advertido de que sean muy prudentes, es que cuando la guerra acabe les quiten este poder».
«Hay una mujer excepcional en Kósovo, Vjosa Dobruna, doctora en Física, que salía en todos los informativos internacionales explicando lo que pasaba en su país y educando sobre su independencia, que cuando todo aquello acabó recibió del nuevo Gobierno algo así como un ministerio sin cartera. De pronto, cuando la guerra acaba, volvemos al patrón patriarcal: los hombres dirigen y las mujeres ayudan. Y los hombres… ¿Sabes?, nuestros políticos oficiales no nos querían, éramos enemigas para ellos. Cuando acabó la guerra, ninguna de nosotras tuvo un cargo en ningún Gobierno porque no trabajábamos según su programa nacionalista. En Ucrania, las feministas deben saber que, si están muy cerca del Gobierno, se pueden quemar, aunque ahora sean independientes. Este sería mi mensaje para las mujeres de Ucrania: valeos siempre por vosotras mismas incluso si vienen a ofreceros golosinas».
Posguerra y justicia social
Imanol Zubero:
«Las guerras son paradójicas porque las posguerras son terribles, durísimas, pero se convierten también en espacios de oportunidad según cómo se gestionen. Pensemos en cómo salen Alemania o Japón de la Segunda Guerra Mundial; en menos de una década eran ya economías muy potentes. En Ucrania, aunque seguramente con grandes riesgos de «colonización económica» por parte de Europa o Estados Unidos, podría llegar un desarrollo económico fuerte y acelerado que, si se hace bajo el modelo capitalista dominante, va a generar un incremento de las desigualdades. Pero, si saliera reforzado, el Gobierno ucraniano podría ser un mediador entre las lógicas económicas y las sociales e intentar que el resultado, para la población más vulnerable o vulnerada, no sea tan malo».
Danijela Mastorovic:
«La situación de Ucrania es compleja porque muchos académicos se han dedicado a estudiar el país desde la relación postcolonial o imperialista con Rusia, analizando su influencia, pero han sido incapaces de ver que, a su vez, Occidente también tiene intereses en ellos, que no es simplemente «os vamos a dar armas y dinero». En Bosnia, la gente ha desarrollado este espíritu crítico y diría que muchos ucranianos miran a Occidente con un ojo acrítico, diciéndose que Occidente va a salvarles de Rusia. Eso es una simplificación terrible, y lo van a sentir el primer día, en cuanto llegue la paz. Verán también qué tipo de políticos tienen y lo que van a hacer. ¿Serán como los bosnios o diferentes?».
«Durante un tiempo, tras la guerra, Bosnia fue el centro del mundo. Pero se abrieron otros conflictos en el mundo y nos dejaron con la cruda realidad de vivir con nuestros queridos políticos. Todas las guerras son una oportunidad para meter la pata o para mejorar las cosas. Es como un proceso revolucionario. En Bosnia creo que realmente metimos la pata».
Política interna en Ucrania
Oksana Dutchak (editora del medio de comunicación ucraniano Commons):
«El Gobierno está haciendo lo que era previsible desde el comienzo de la guerra: aplicar una especie de doctrina del shock para hacer lo que todos los gobiernos ucranianos anteriores habían intentado pero no pudieron por la resistencia social: desregularizar el mercado de trabajo y recortar ayudas sociales».
«¿Qué se dice de los hombres que se fueron del país para no combatir? La gente, y el Gobierno también, se lo reprocha. Y no solo a los que se van sino a los que no vuelven. Zelenski dijo hace poco: «Tenéis que decidir si sois refugiados o ciudadanos». ¡¿Qué?! El Gobierno no hace nada para mejorar las condiciones de la gente que, por ejemplo, ha perdido su casa o la tiene en una zona ocupada. Hay una retórica populista que está dividiendo y polarizando la sociedad. Es peligrosa porque tiene consecuencias a largo plazo y, además, puede generar el efecto contrario al deseado: los que están en otros países y oyen al Gobierno hablar así de ellos, ¿por qué querrían volver? Yo acepto todas las decisiones. Por ser mujer, no estoy forzada a ir al ejército, así que no exijo nada a nadie. Me molesta esa gente patrióticamente perfecta que espera tanto de los demás pero nada de ellos».
«Me preguntas cómo convivimos con la rusofonía… Una parte enorme de Ucrania, por trabajo, cultura o parentesco, está relacionada con Rusia. Por eso, el 24 de febrero fue un shock. Mucha gente cambió radicalmente su visión de Rusia. La mayoría de refugiados que conocí en Alemania, que venía de territorios ocupados, ahora rechaza todo lo ruso. Algunos ya solo hablan ucraniano… La cuestión de la lengua está extremadamente politizada. Desde 2014, cada vez que había elecciones, los políticos abusaban de este asunto porque entre ellos no hay diferencia en cuanto a programa económico o social. Desafortunadamente, una parte de la sociedad está usando cada vez más la lengua como un arma, tratando a la gente de traidores o estúpidos. En las redes sociales, una mujer decía que los soldados ucranianos que hablan ruso no son verdaderos ciudadanos, pero lo publicaba sentada en un lugar seguro, en parte gracias a esos soldados… En Kiev, hay quien vino huyendo de la guerra en el este, más rusófono, y encuentra rechazo, gente que finge no entenderles, hostilidad…».
Guerra y periodismo
Serge Halimi (director de Le Monde Diplomatique de 2008 a 2023):
«Cuando estalla una guerra, a diferencia de otros medios de comunicación, nosotros no nos consideramos soldados de Occidente. En Le Monde Diplomatique entendemos que los países tienen sistemas antropológicos y culturales diferentes del nuestro, que por otro lado contiene muchas imperfecciones, y que sería una especie de residuo neocolonial pretender imponer nuestros valores actuales, aunque nos parezcan más virtuosos».
«Este «imperialismo de la virtud» es muy defendido desde la izquierda y, desde la derecha, es el imperialismo occidental clásico el que se promueve más intensamente. Pero, en el fondo, los dos se encuentran a menudo, lo que hace que hoy no haya prácticamente diferencia entre leer Le Figaro, Le Monde o Libération cuando se trata de hablar de Rusia, China o Irán. Al comprometerse con una causa, como parece haberlo hecho la mayoría de los medios de comunicación en favor de Zelenski, han decidido meter bajo la alfombra todo lo que sería un poco molesto y estropearía el decorado. Cuando las noticias no son buenas, basta con terminar el artículo diciendo «pero es mucho menos grave que lo que sucede en el lado ruso, los ucranianos luchan por su patria, todo iría mejor si los occidentales entregaran a Kiev misiles de largo alcance, bla, bla, bla»… Queremos recordar siempre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Es una manera de infantilizar a tu lector que yo encuentro completamente insoportable».
Guerra y filosofía
Frédéric Gros (filósofo y escritor francés):
«Nuestro problema es que vivimos en sociedades que, tras la Segunda Guerra Mundial, se han dotado de instituciones internacionales con el objetivo de evitar o incluso prohibir la guerra. Quiero decir que durante mucho tiempo la guerra se consideraba una prerrogativa del Estado soberano, con derecho a entrar en combate contra alguien. Las dos guerras mundiales han mostrado los límites de este modelo, pero prohibir las guerras no significa que ya no existan, sino que las vamos a interpretar de manera completamente moral. Es decir, la guerra está prohibida, excepto cuando se trata de combatir el mal absoluto, eliminar el vicio despótico o salvarse a uno mismo. Nuestra única manera de legitimar la guerra, ya que la hemos desnormalizado, es construirla como un combate contra las fuerzas del mal; y el problema es que, si defines al enemigo como el representante del mal absoluto, la única paz posible solo puede venir de la capitulación. Entonces, la situación se bloquea. En cuanto dices «Debemos negociar» te responden «No se negocia con el diablo». Este montaje cultural y mental hace que, efectivamente, la solución solo pueda venir de una destrucción militar del enemigo y del hundimiento del mal. Claro que Putin no es un santo, pero si queremos desbloquear la situación hay que neutralizar esta dimensión moral y decirse que vamos a negociar. Pero eso supone la ficción de una igualdad moral, y nos resulta insoportable».
Testimonios de gente anónima
Darina (activista ucraniana):
«¿Pacifismo? ¿Cuántos de tus amigos en Europa, cuando sacan a pasear al perro, llevan un cuchillo para rasgar la ropa y un torniquete por si alguien es herido de metralla? En Ucrania no hablábamos de pacifismo antes de la guerra. Para nosotros, ahora significa ser ocupados por los rusos y, si no luchamos, no seremos nunca independientes».
Mujer rusa viviendo en Francia:
«Mi madre y mi primo no paran de enviarme vídeos con discursos pro-Putin. Mi madre está dispuesta a enviar a mi hermano, su propio hijo de dieciocho años, al frente. Ahora ha cambiado un poco de opinión, pero hasta hace nada le parecía bien que combatiera. Aún no he hablado con él. De mi familia, es el más vulnerable; temo que cierren las fronteras y le movilicen».
«Los medios de comunicación allí (en Rusia) llevan años promoviendo la idea de la guerra. […] Pero, en cuanto a la información militar, creo que hay muchas mentiras por parte de Occidente también, mucha confusión y provocaciones. Lo único que puedo decir a favor de Putin es que ya desde 2008 o 2010, en sus discursos, decía que si la OTAN se acercaba a la frontera rusa iba a atacar. Podemos criticar todo a Putin, pero eso lo dijo. Y los occidentales no son tontos, conocían la posición y la fuerza de Rusia, y han hecho todo para que Putin ataque. Sobre este asunto hay que tener cuidado».
Ania (rusa):
«Hay muchos refugiados rusos aquí, en Francia, sobre todo artistas, que se han ido de Rusia porque no están de acuerdo con la política del país. Los ucranianos han sido recibidos con los brazos abiertos; no ha sido el caso de los rusos. Yo soy rusa, pero tengo abuelos ucranianos y llevo 22 años en Francia. Mis cuentas bancarias fueron bloqueadas, eran las directivas del Estado francés. Tuve que enviar todos mis papeles de nuevo, aunque ya los tenían, para poder volver a utilizarlas. Al principio fue horrible porque las noticias decían todo el tiempo que los rusos violan, hacen esto y lo otro… Estábamos todos hundidos».
«Mira, mi padre es científico, ha vivido muchos años en Holanda y estaba más bien abierto a Europa. Pero, poco a poco, desde que volvió a Rusia y dado que en la BBC solo oía cosas negativas sobre su país, en un momento dado dijo: «Pues no, ya vale, como si Estados Unidos no hubiera hecho lo mismo». No es pro-Putin, pero este es su discurso ahora. Mi madre es muy anti-Putin, me envía artículos y vídeos todo el tiempo. Se ha convertido en una obsesión para ella, tampoco es sano».
«Mi padre viene casi de la misma calle que Zelenski y envía dinero a un amigo de infancia para que pueda calentararse, pero no por eso es anti-Putin. Vivió en Ucrania hasta los 12 años, cuando se divorciaron sus padres. Este amigo de mi padre y su hijo están en contra de la guerra y creo que culpan también a Zelenski, pero los que están contra él en Ucrania no lo dicen muy alto. Yo creo que la vieja generación de ucranianos, no los jóvenes, y esto según mi padre, quería simplemente la paz y no importaba si era dentro de Rusia o en una Ucrania independiente. El hijo del amigo de mi padre se esconde del ejército ucraniano, que agarra a todos para llevarlos al frente. Conozco a una pareja en la que la mujer es rusa y el marido ucraniano, con un hijo, que piensa mudarse a Rusia a pesar de que son patriotas y adoran Kiev. Pero en un momento dado es una cuestión de supervivencia».
Cuanta razón tienes, Ahmed.
Occidente capitalista: negocios y cinismo por parte de las grandes fortunas.
«Políticos» encargados de que se cumplan las órdenes de las grandes fortunas.
Ciudadanía: de espectadora muda, o ni siquiera de eso, como si no fuera con nosotros, como si nuestra misión en esta vida fuera seguir el camino que nos marca el pastor del rebaño.
Que vidas más desaprovechadas las nuestras.
Como serà la posmasacre en Palestina, se negocios la paz de Ucrania en un pais arabe, mientras la paz de un pais arabe, Palestina, esta olvidada.
COESPE: “Malditas sean todas las guerras y malditos los que las provocan. NO a las guerras”
El nuevo orden financiero, político y social que quieren imponer los poderes financieros imperiales, implican tomar decisiones políticas y económicas basadas en economía de las guerras, a través de actuaciones que van a perjudicar a la humanidad, comprometiendo las vidas y el desarrollo en paz de las sociedades.
En estas circunstancias, la Unión Europea olvida su historia y repite los mismos errores que llevaron a la devastación.
Los intereses imperialistas de los señores de la guerra, olvidan la historia, y trazan un plan para repartirse el mundo, a través de las guerras, económicas, culturales, identitarias y de todo tipo, al tiempo de rearmarse impulsando medidas de rearme bélico, despojando de derechos, libertades y territorios de los más vulnerables.
La Comisión Europea, a través de su presidenta Úrsula von der Leyen, ha anunciado el plan Rearm Europe (Rearmar Europa), una iniciativa para movilizar 800.000 millones de euros en defensa, con la excusa de garantizar la seguridad del continente.
Para ello, se flexibilizará el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, permitiendo a los Estados miembros aumentar su gasto en defensa sin restricciones fiscales.
La Comisión estima que esta medida liberará 650.000 millones de euros en solo cuatro años, aumentando el gasto militar en un 1,5 % del PIB en cada país miembro.
¿Seguridad y paz con más armas?
Nos hablan de «seguridad y paz», pero lo hacen con un cinismo absoluto.
– ¿Cómo pueden garantizar seguridad y paz llenando el planeta con más armas?
– ¿Cómo pueden hablar de estabilidad mientras financian una carrera armamentística que solo beneficia a las élites económicas?
– ¿Cómo pueden convencernos de que debemos “prepararnos para la guerra” mientras millones de ciudadanos sufren precariedad, recortes en sanidad, educación y subidas en el coste de vida?
Mientras los medios nos entretienen con enfrentamientos partidistas falsos, la Unión Europea pretende despilfarrar dinero público en armas, y las grandes empresas armamentísticas ven cómo sus acciones se disparan:
– Rheinmetall sube un 13,71% en bolsa.
– Indra casi un 10%.
Con el dinero de nuestros impuestos alimentaran una industria que huele sangre fresca y no arriesga absolutamente nada, porque pagamos la ciudadanía. Detrás de estas empresas están los grandes fondos buitres de inversión, la élite financiera imperialista de EE. UU. Europa y del resto del mundo, que convierte las guerras en un negocio.
La historia se repite. Los gobernantes deciden, los medios desinforman, las élites ganan, y los pueblos pagan con sus vidas y su destrucción.
No podemos seguir permitiendo que nos arrastren hacia un nuevo abismo. Recordemos la historia, porque olvidarla nos hace débiles y nos condena a repetirla.
Desde COESPE, nuestra posición es clara y firme:
– No a todas las guerras.
– Priorizar el gasto en servicios públicos y derechos sociales, no en armas.
– Fomentar relaciones internacionales basadas en el respeto, la solidaridad y la paz entre los pueblos.
Gobierne quien gobierne, los servicio públicos, los derechos y las pensiones públicas se defienden.
Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones.